Lè Chanté Rose 5j


*

Al mismo tiempo, Dominic estaba sentado en la misma sala que Carol observaba después de salir del jardín. Tenía Dominic la mirada perdida, sus ojos no tenían color y Carol sabía que media vida le había abandonado.

Con una mirada al sillón en el que él se sentaba, cualquiera sabía que algo le había pasado a ese muchacho. Pero como no podía emitir palabra alguna, ninguno de sus compañeros sabía demasiado. Sin peligro a que lo mantuvieran vigilado, los demás habían ido a buscar a Aremi. Pero Carol había puesto salvaguardas alrededor de él, pese a toda la magia que ella podía manejar conocía un alma vacía. Un alma sin magia.

Dominic tenía el alma de un L’soriano. Conocía lo que era la magia, media vida estaba en ello y a pesar de ello, le había sido arrebatado. De hecho Carol evitaba estar mucho con él porque desprendía un aroma a L’soriano.

—    Tranquilo, Dominic. Tranquilo —decía Carol sentándose junto a él. Dominic no se movió, no parpadeó pero respiraba. Tocando su mano, Carol se congeló. Por lo que vió.

Una joven alta, de cabellos enrulados y mirada verde estaba sentada en una fuente con una estatua de una ninfa dando de comer a un venado. Carol desconocía aquel sitio. Al poco tiempo Carol observó que a la derecha de la joven apareció una casi niña con un cuchillo en mano que caminó directo a la muchacha quien ignoró la presencia de la otra. De la nada, una flecha surcó el aire, con el sonido la joven de mirada verde se giró con precipitación y al ver a la joven con el cuchillo quien había evadido la flecha a escasos centímetros, se puso de pie y se lanzó directo contra la casi niña. Una flecha más avanzó por el aire, esta vez detuvo a la joven de atacar a la que ya había soltado el cuchillo. Ambas voltearon a ver quien estaba disparando. Entonces Carol pudo ver el único rostro conocido de L’sor: El Príncipe Liam. Él estaba disparando contra las jóvenes, pero no entendía el porqué.

Carol se llevó una mano a la cabeza, siempre que tenía una de esas visiones le daba jaqueca y ésta parecía que le destrozaría la cabeza. Sentía todo girar.

Dos minutos más tarde, recibiría una paloma blanca en su jardín con una nota atada en su pata.

“Lo que buscas está en Las montañas Rose Garden”

 

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