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—Abre los ojos de tu corazón —repitió la voz fantasma de Ophelia.
Aquella frase me sacó de mis pensamientos hasta llevarme de nuevo a donde en ese momento yo debía decidir que camino elegir: enfrente tenía el camino de piedras negras, que se me antojó tentador en el caso de que Nicholás estuviera muerto ó el camino que me había mostrado Ophelia. “Pero no sabes a donde te conduce” pensé de manera de nuevo cegada por mis anteriores miedos y entonces repliqué para mi misma “Es un camino de esperanza, es obvio que no sea incierto el destino”.
—Abre los ojos del corazón —repetí mirando aquel camino de piedras también negras pero no cubiertas con sangre.
Indecisa di un paso hacia atrás observando otras diferencias entre ambos caminos, eran paralelos pero aquel otro sendero no tenía piedras con puntas para tropezar ni era amplio para pasar por él y tampoco tenía rocas a los costados como el camino del olvido, indicando su constante serpenteo a las orillas. Era como si alguien hubiera hecho esa nueva senda y nadie hubiera pasado antes por ahí, las rocas estaban desalineadas pero parecía firme y aunque no se notaba donde comenzaba, yo podía ver como cerca de mi sitio había una unión fantasma de los caminos. Eso me recordó de nuevo la palabra Esperanza.
—Es como si quienes pasaran por este camino, pudieran salir de él —exclamé maravillada, mientras me había aproximado más a mi resolución: evitar tomar la decisión fácil.
Solo puse un pie en ese camino y Ophelia volvió a aparecerse cerca. Nunca me di cuenta que ella estaba esperando pacientemente, como me había dicho antes ella y como luego me explicaría de la misma manera otra persona en ese viaje hacia donde estaba Nicholás.
Ophelia me tomó de ambas manos y me miró fijamente, sus ojos me recordaban mucho aquella esmeralda que tenía La Rose de Nicholás. Todo la regresaba a él y Ophelia me reprendió con duras palabras.
—Deja de soñar, Elizabeth por una vez. Eso también te aleja del Valle —parpadeé tomando nota de aquella frase pero Ophelia siguió diciendo— Necesitas concentrarte en lo que haces, prepararte para el camino y enfrentar lo que viene. De aquí en adelante las pruebas que te esperan son impensables para los mortales.
—¿Cómo he de superarlas? —exclamé con miedo, terror en realidad— Yo apenas puedo caminar de lo entorpecido que tengo el cuerpo. No sabré que hacer.
Ophelia me miró con una expresión de sabiduría y negó con la cabeza sin decirme nada. ¡Me abrazó! Ella también tenía un cuerpo en aquel sitio, eso trajo muchas dudas a mi mente sobre Ophelia y nuestro destino porque de alguna manera supe que no podría dejarla en ese sitio de los No Vivos.
—Ahora podemos continuar con el camino —señaló Ophelia mientras yo divagué en mis pensamientos— evita todo lo que puedas preguntarme pero escucha atentamente lo que te voy a contar.
—¿Sabes que eres una molestia considerable? —me replicó Ophelia después de que yo no la escuchara por el camino.
—Me ordenaste no preguntar —repliqué tratando de justificarme con el rostro sonrojado.
—Yo no te dije que no hablaras —me rebatió Ophelia mirándome a mi y no a la senda, como ocurrió en todo el trayecto que habíamos recorrido
—Lo lamento —contesté mirándola yo. Ella suspiró y miró al frente en tanto me dijo
—No más que yo, Elizabeth… Ahora tendrás tu primera prueba —me sonrió dejando que yo avanzara por el camino y luego alzó una mano diciendo—, ¡Abre los ojos de la mente!
Con la cara perpleja detuve mi andar, pero continué moviéndome hacia el frente. Atónita, me di cuenta que estaba flotando, alejándome de Ophelia. Quise gritar pero mis labios estaban sellados, quise llorar pero mis ojos se negaban a secarse y todo eso me pasó mientras mi compañera me decía “¡Abre los ojos de la mente!”
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