*
Al mismo tiempo, Iara la última custodia de la Tierra y la actual Carol, levantaban su rostro al aire. En L’sor la princesa se estremeció cuando D’ant la tuvo que llevar de regreso en brazos a su cabaña. Él también lo había sentido.
Los Antiguos Espíritus. Están despiertos.
— La última vez, mis ascendientes tuvieron que sellarlos en el sueño del guerrero. ¿Quién los ha despertado?
— No lo sé Iara —dijo una voz detrás de D’ant pero inconfundible. El dragón en forma humana se puso de pie pero no había nadie. Pero era la voz de Liam.
Muy lejos de ahí, unos momentos antes, en el reino de la tierra…
Liam abría los ojos pesados. No recordaba como se había quedado dormido pero sentía una calidez como cuando era niño y su madre lo abrazaba para protegerlo de todo. Bajó los párpados hacia donde se encontró con la profetiza Clare, con los ojos cerrados y una expresión de total tranquilidad.
Le dolían los músculos por el tiempo que había estado bajo el sueño al que lo había inducido Clare. Pese a ello, una dura y más pesada coraza le oprimía el corazón. Como si de una corriente de agua de río se tratara, muchos recuerdos se agolparon en su mente dejándolo completamente en silencio. Solo, abrazando el cuerpo inerte de Clare.
Comprimido como estaba su corazón, se enfrentó una vez más a las consecuencias de las acciones de la que comenzaba a odiar llamar prometida. El guardián de Palacio Imperial estaba en L’sor, lo sentía en los huesos como la gente suele decir siente el frío en la piel.
No tenía idea de cómo continuar pero prefirió bloquear aquellos sentimientos hasta que estuviera en mejores condiciones para analizarlas y tomar sus decisiones. Ahora tenía un deber con su gente, los antiguos estaban despiertos y no sabía como era eso posible.
Trató con todas sus fuerzas, cruzar la distancia y las personas que lo separaban de Iara y D’ant. Al menos el dragón era tan antiguo como los espíritus. O eso esperaba Liam en su corazón, ya que su madre siempre se negaba a que se le contaran historias que él creía fantásticas creaciones de la imaginación de su padre.
Para sorpresa de él, le tomó menos esfuerzo del que creía y eso lo preocupó internamente pero no en ese momento que necesitaba ser fuerte porque sabía que Iara y la actual custodia de la Tierra, estaban enteradas de este evento en particular en L’sor. Iara tenía el rostro tan pálido cuando D’ant la llevó dentro de su cabaña que Liam contuvo el instinto de correr hacia ella. En cambio, abrazó con más fuerza el cuerpo de Clare.
Enfocó su voz en la mente de ambos pero no ocurrió nada al primer intento, ni al segundo o al tercero sino hasta el sexto.
— Tranquila, necesitas descansar amor —le dijo Liam. La voz sonó un murmullo en los oídos de Iara quien presintió una caricia en el corazón cuando llegó a ella el tono de Liam. — Ellem está muy cansada y comparte contigo todo. Aun sin saberlo, es una niña caprichosa…
— Liam —dijo suavemente como si estuviera entonando Iara un canto. D’ant no comentó nada pero sabía era cierto.
— Recupera fuerzas, por favor.
— Yo no diré “por favor” —D’ant parecía un vengador.
— ¿Dónde estas? —desvió el tema Iara tratando de sentarse.
— Acuéstate —declaró D’ant empujando sus hombros hacia atrás. Iara pudo sentir la risa masculina de Liam en su mente. Pero no era una de él, sino diferente.
— ¿Qué pasa? —preguntó de nuevo Iara en voz alta. Silencio.
— ¿Dónde esta Liam? —D’ant también sentía curiosidad sin ser él, un humano.
— Prometo contarles todo. Cuando nos veamos, en las montañas TAFO. Con la ciudad tan cercana y el estado de Iara —la cual protestó en ese instante—, deberían viajar de forma natural. Yo haré lo mismo para evitar llamar la atención.
— Ellem puede requerir de ti —dijo Iara como si no quisiera plantear lo que era obvio.
— Primero deberá encontrarme —cerró la conversación Liam y Iara lo sintió en su corazón. Algo había pasado pero confiaba que él se lo contaría cuando se vieran.
— Querida, confía si puedes —le replicó D’ant siguiendo el rumbo de su corazón.
— Tengo que, D’ant. Es la última esperanza. Ellem ha perdido todo y cuando se entere del levantamiento de los antiguos, bueno no sé que es lo que hará.
— Enviara a sus cachorros —dijo D’ant con sarcasmo. Iara sonrió.
— No te caen Grace y Anthony o ¿Es solo uno de ellos dos?
— Duerme “princesa” —dijo D’ant molesto al salir de la cabaña.
En la forma de humano, D’ant comenzaba a tener extrañas sensaciones. ¿Eso eran los sentimientos? No, no podía dejarse llevar por las dudas existenciales ahora. No precisamente ahora que su Hogar, le necesitaba. D’ant cerró los puños en una fracción de segundo cuando L’sor recibió la llegada de Grace y Anthony, era obvio que debía estar consciente de la llegada de cualquier presencia, ser, vivo o no a L’sor. Para lo que no estaba acostumbrado era a tener esas sensaciones.
. . .